LAS MASCARAS DE NYARLATHOTEP- CC- 4.13

SIGUIENDO LOS PASOS DE CARLYLE

Miguel Ángel (3).......James Curtnert............Cazador
Pablo (1).................Jason Dallas................Mercenario
Migu3l (5)...............Kipchirchir...................Guía keniata
Lvis (6)...................Steve Donahew............Antropólogo del Museo Egipcio de El Cairo y profesor de Universidad


Los investigadores hacen cuatro días de marcha desde Nairobi hasta el poblado Ndovu. Una vez allí, siguen hacia el norte, hasta las Tierras Corrompidas (donde la expedición Carlyle fue aniquilada) y desde allí, otro día de marcha les llevará hasta la Montaña del Viento Negro. De los regalos de Bundari, será Dallas quien porte el espantamoscas, y Curtnert quien lleve la caja con Aquél dentro. Donahew se tira gran parte del día cazando moscas para alimentar a Aquél.
De los bosques tropicales del mundo, el de Aberdare tiene una temperatura templada que le hace único en el mundo. Aquí crecen cedros gigantes, árboles de alcanfor, higueras y olivos del África Oriental, que sólo ceden terreno al bambú de montaña al aumentar la altitud. El matorral es frecuentemente muy espeso por lo que es difícil avanzar si no es siguiendo los senderos. A menudo las laderas de las montañas son frías y húmedas debido a la niebla, la humedad o la lluvia. Hay que cruzar numerosos arroyos rápidos. Abundan antílopes del bosque, cerdos salvajes, druikers, elands (N. del G.: otros dos tipos de antílopes), leopardos y lammergeiers (N. del G.: un ave de presa tan grande como un águila). En elevacones menores puede encontrarse la mortífera mamba verde, una serpiente arbórea increíblemente rápida, así como cobras y vívoras (la mamba negra, cuyo mordisco es invariablemente fatal, prefiere climas más secos). Afortunadamente, gracias a la ayuda de Kipchirchir no hay que lamentar víctimas a manos de la fauna local.
(N. del G.: Un hombre de la Lengua Sangrienta observa oculto como el pequeño grupo avanza hacia las Tierras Corrompidas; obviamente van a la Montaña del Viento Negro con dudosas intenciones. Debe darse prisa para avisar a la Sacerdotisa de que no abandone la Montaña para reunirse con Singh en Nairobi. Sin duda este asunto es mucho más importante. ¿Estará esto relacionado con la caída en desgracia de la Hermandad del Faraón Negro? Su trabajo no es pensar, es informar a la sacerdotisa, se recuerda. Debe mandar un correo de la secta inmediatamente, piensa, y echa a correr. Pero ese es su último pensamiento, pues un rayo eléctrico surgido aparentemente de la nada le fulmina en el acto. El cadáver del negro aún cruje con la estática cuando un hombre misterioso, portando en sus manos un objeto aún más misterioso, se acerca. “Ellos deben ser nuestros. Así lo ha dispuesto nuestro señor oscuro.” Otro hombre blanco asiente a su espalda. Los cinco hombres que le acompañan, aborígenes australianos, sonríen maliciosamente.)

A uno y otro lado se alzan las montañas con la cima cubierta de nieve. El aire es limpio y transparente. Un paso ancho y en forma de silla de montar (el pasillo Neri-Nanyuki) separa el Monte Kenia de la cordillera de Aberdare; al descender por el lado Norte del paso los investigadores llegan a las Tierras Corrompidas.
Este lugar era originariamente una pradera de montaña de considerable belleza de aproximadamente un kilómetro de ancho. Ahora está ennegrecida, como si alguien hubiera chamuscado el bosque con un gigantesco hierro de marcar. Todos los rastros de animales muestran que éstos evitan la zona y los investigadores tienen que abrirse paso a golpe de machete por entre matorrales extrañamente deformados para llegar a las Tierras Corrompidas. Hasta el suelo parece crujir y nada crece en él. Un olor fétido impregna la zona. El asombrado Sam Mariga dice que ninguna causa natural podría provocar efectos como éstos.
Se está haciendo de noche y acampan en el linde de las Tierras Corrompidas. Aún hay un día hasta la Montaña del Viento Negro, pero el peligro está mucho más cerca. (N. del G.: Ya están dormidos. Es el momento perfecto. El hombre misterioso da la orden a su acólito blanco, que acompañado de los aborígenes se dirige al campamento. Él observa y espera, acariciando distraidamente el extraño objeto en sus manos).

Para acampar se hacen cuatro guardias, la última de las cuales la hace Curtnert. Para vigilar, decide ponerse algo lejos del campamento, para ver a quien llegue allí sin verle a él. Lo cual descubre que es una gran idea cuando seis siluetas, sigilosamente, se acercan al campamento protegidos por la penumbra. Sólo llega a verlos cuando están casi encima de los otros, que duemen tranquilamente junto al fuego del campamento. Los extraños portan un arma corta en una mano, y una especie de palo con pinchos en la otra. Utilizar a Aquél no es una opción, cuya caja Curtnert dejó en el campamento con los demás. Se apoya en una roca, y dispara su potente fusil del 30-06.
Todos despiertan sobresaltados para ver cómo varios hombres se dirigen hacia ellos con intenciones homicidas. Sólo Kipchirchir acierta a reaccionar a tiempo, y patea la caja de Aquél, que se encuentra a sus pies, para que éste salga. Instantáneamente crece hasta un tamaño increíble y aplasta o se come a los aterrorizados australianos para a continuación desaparecer. El hombre blanco más rezagado intenta huír, pero cae muerto por los disparos de los investigadores.
Los investigadores se acercan a revisar lo que ha quedado de sus atacantes. Por su característica forma de vestir el tipo más rezagado era obviamente un australiano blanco. Uno de los que estaban más cerca, el único que no devoró Aquél, está aplastado junto al campamento. Era un aborigen australiano. El palo que portaba está coronado con los colmillos de algún pequeño animal que no identifican, y el la punta hay alguna clase de sustancia, seguramente veneno. Por pura intuición Dallas levanta la vista a tiempo para ver como una silueta humana, recortada contra la luz del alba, y que porta lo que parece un arma larga en sus manos, apunta y va a disparar al grupo desde una posición muy lejana. Con unos reflejos increibles atina a disparar a la vez que el misterioso personaje. Sin embargo, lo que impacta en las cercanías no es una bala, sino un rayo eléctrico (que afortunadamente no alcanza a ninguno de ellos). Sin embargo, la increible habilidad de Dallas provoca que su bala sí alcance a tan peligroso desconocido, que al caer desaparece de la vista.
Rápidamente se dirigen hasta donde se encontraba, pero ya no está allí, así que debe estar vivo, aunque herido. Dudando si seguirle el rastro, finalmente deciden continuar hacia la Montaña del Viento Negro.


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